Diálogos Migrantes: El Choque Migratorio

El Choque Migratorio

A l’hora d’afrontar les migracions presents i les futures ens caldrà tenir presents aquestes experiències passades però vives. Perquè ja ha passat abans que vingui “més gent de la que no hi cap”, que no s’adaptin “als nostres costums”, que pretenguin mantenir o reconstruir una part dels seus com a “refugi identi-tari” i que algú provi de “solucionar” el problema de la seva “arribada excessiva” per la via de la detenció, l’empresonament i la deportació, sense que arribi a “solucionar” res, òbviament” Martí Marín, profesor d´historia contemporánia UAB en el libro “Memòries del viatje, 1940-1975”.

Mercè (Barcelona, Catalunya): Hija de un luchador antifranquista, con 9 años tuvo que emigrar a Toulouse. Allí vivió una experiencia que la marcó de por vida. Aprendió lo que es el rechazo y el desprecio. En la escuela sus compañeras le hicieron notar que era diferente y a ella nunca se encontró a gusto. A los 18 años se caso con un catalán y volvió a Barcelona.

Proyecto Diàlegs Migrants

©Joan Tomás

Mi padre era republicano, lo buscaba la policía y se tuvo que ir a Francia para esconderse. Dos años después fue mi madre. Yo me fui un poco más tarde, cuando mi abuela que era franquista quiso hacerme hacer la comunión. Mi padre dijo no y exigió que yo y mi hermana nos fuésemos para Toulouse. Nosotras estábamos contentas de volver a estar con nuestros padres pero en la escuela las nenas no querían estar con nosotras, nos decían brutas, españolas de mierda, “moras” y cuando jugábamos nos ponían aparte. La única solución que tenía para encontrarme bien era el domingo que íbamos con otros españoles a la CNT donde jugaba con otros niños y niñas. Ahí fue donde conocí a mi marido. No casamos y enseguida volví a  Barcelona. Y ahora estoy aquí encantada de la vida

Niolvis (La Habana, Cuba): Los antepasados de Niolvis son canarios, catalanes y africanos. Su familia es “de todos los colores”. Creció cantando habaneras en catalán, visitando la ermita de la virgen de Montserrat y comiendo “mongetes”. Profesora de fotografía en la Escuela Municipal de La Habana, donde algunas de sus fotos no gustaron y se vió obligada a exiliarse. Optó por España porque sentía que de alguna manera volvía a un lugar que le pertenecía. No fue así. Aquí vivió por primera vez el rechazo.

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Lo que a mí me pasó yo no me lo esperaba. A mí me pilló por sorpresa, yo no esperaba que por cuatro fotografías pudiera pasar tanto. Bueno, si eran comprometidas, pero eran cosas que estaban pasando, yo no me las estaba inventando. Yo estuve muy cerca del régimen pero también veía las cosas que no iban bien y que había que cambiar. No gustaron y tuve que salir huyendo porque tuve miedo. Y llegué aquí, era la tierra de mis abuelos, había tenido una añoranza muy grande por conocerla pero cuando llegué había mucho rechazo por el color de la piel o por ser de otro país y eso me hizo mucho daño. Fue muy triste, llegar y encontrarme que el sitio donde suponía que me iban a recibir bien, porque era donde yo tenía mis raíces, me rechazara….El rechazo lo noto en la calle, en el tren, cuando te acercas a algún sitio a comprar alguna cosa, en los sitios donde no te conocen. Hay gente que sencillamente no te conoce pero no te quiere conocer, no te dan la oportunidad. Eso es lo que más duele, ¿no? No me juzgues, conóceme primero que malos los hay en todos los sitios. Es muy triste, un tropiezo tremendo que te pegas

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Crónica del encuentro por la periodista Zulma Sierra

Niolvis y Mercè

¿Qué pueden tener en común una cubana de 43 años y una catalana de 76? Empecemos por lo obvio: Niolvis Izquierdo y Mercè Hortoneda viven en Barcelona, hablan catalán y les encanta este país. No se plantean marchar a otro lugar, al menos por ahora.

Las dos son mujeres vitales, simpáticas, conversadoras y con el carácter suficiente para alzar la voz cuando algo no les gusta.

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Pero sin duda, el elemento que une para siempre las historias de Niolvis y Mercè es que ambas tuvieron que salir corriendo de sus hogares para refugiarse en países extraños. Dos regímenes políticos, cada uno en épocas y circunstancias particulares, las obligaron a convertirse en exiliadas.

Cuando se reunieron, en la primavera de 2011, Niolvis y Mercè se reconocieron como luchadoras y se admiraron en silencio mientras escuchaban las travesías y sufrimientos de la otra.

La gran diferencia es que Mercè sólo contaba con nueve años cuando tuvo que abandonarlo todo, incluso los preparativos para su Primera Comunión, por reunirse con su padre y su madre que la esperaban en Francia. En 1943 la familia Hortoneda Teixidor estaba marcada como “roja” y si querían salvar sus vidas era necesario comenzar de cero en la vecina Toulouse.

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Niolvis, en cambio, era una mujer hecha y derecha cuando empacó sus cosas y tomó un avión en La Habana, dispuesta a casarse con un desconocido español. Era su único boleto seguro para huir de la persecución política. Su trabajo como fotógrafa ponía en peligro su vida y la de sus familiares, pues se había atrevido a “gritar” en imágenes los desmanes del gobierno cubano.

Cuando se les escucha hablar a las dos, resulta difícil creer que hayan pasado tantos años entre una historia y otra, pues ambas denuncian discriminación cuando recuerdan los primeros años vividos en tierras ajenas.

Mercè no olvida que su infancia en Toulouse estuvo marcada por los insultos que la tachaban de “sucia” o “española de mierda” y, tal vez por eso, se propuso conservar intactas sus raíces. Siempre tuvo claro que volvería a Catalunya y que llevaría como bandera, su lengua materna: el catalán.

A Niolvis todavía le duele recordar que en esta tierra conoció el racismo. Y le duele no sólo por las humillaciones que sufrió por el hecho de ser negra o cubana sino porque parte de su sangre es catalana. Sus bisabuelos partieron de aquí buscando un mejor futuro en Cuba y ella cerró el círculo familiar volviendo a este país, en busca de sus raíces. Pero ni el recibimiento ni la adaptación fueron tan fáciles como había soñado.

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Por eso, cuando escucha a Mercè y se da cuenta de que aquí hay muchas familias con una historia de exilio, de emigración dolorosa, le encantaría que las nuevas generaciones se enterasen de ese pasado para que respetaran un poco más a los migrantes que buscan refugio en España.

Es muy injusto que se diga que todos venimos a robar o a matar. Hay que hablar con los jóvenes para que entiendan que el que viene de afuera lo hace porque en su país vive una situación determinada y debe viajar para buscarse una vida mejor. Además no todos los inmigrantes somos iguales. Algunos somos profesionales preparados y otros quizás no tengan estudios pero son honrados. Sólo queremos trabajar”, reclama Niolvis con indignación.

Mercè está de acuerdo. Cree que Niolvis es una mujer valiente, amable y dulce y le encanta que se interese por aprender más sobre la historia  y la lengua de Catalunya.

Sin embargo, cuando se le pregunta por la composición actual de la sociedad catalana, Mercè no se corta: “creo que es un poco exagerada la cantidad de inmigrantes que hay ahora. Vinieron en masa y corremos el riesgo de que no quede clara la identidad catalana. Dentro de poco, Barcelona será como una ciudad de América con barrio chino, barrio africano… “

Víctima del mismo mal que aqueja a la gran mayoría de los ciudadanos, Mercè se deja llevar por los estereotipos y los rumores sobre la inmigración. La crisis la asusta, pero también el miedo a que se desdibujen sus tradiciones, esas que tanto añoró cuando vivió en Francia.

Tal vez, como anota Niolvis, haría falta que se lograran más encuentros entre diferentes. Más conversaciones sobre el pasado y el presente de los migrantes para romper con los mitos tejidos a su alrededor.

Falta un largo camino, pero la misma Niolvis nos da una dosis de optimismo: “cuando llegué, hace once años, había sitios en que se negaban a atenderme por mi apariencia. Ahora veo que eso ha cambiado muchísimo gracias a la llegada de más personas de otros países. Poco a poco nos vamos concientizando de la humanidad que tenemos todos”.

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