Diálogos Migrantes: El Viaje

 El Viaje

Muy poca gente abandona sus raíces por gusto. La mayoría se ve obligada a convertirse en emigrantes, refugiados o exiliados por fuerzas que no pueden controlar, por pobreza, la represión o las guerras. Huyen con las escasas pertenencias que son capaces de acarrear y se ponen en marcha como pueden, a bordo de barcos desvencijados, en trenes abarrotados, apretujados en camiones o a pie. Viajan solos, en familia o en grupos. Algunos saben adónde van y confían en que les espera una vida mejor. Otros se limitan a huir, satisfechos con estar vivos. Muchos de ellos no llegaran con vida a su destino.”  Sebastiao Salgado, fotógrafo y Premio Príncipe de Asturias de las Artes 1998.

La emigración debería ser un fenómeno voluntario, informado y seguro. Pero la manera en que se restringe el movimiento internacional de personas es una invitación directa a la migración irregular. Millones de personas se desplazan cada año de un país a otro de forma irregular, arriesgando sus propias vidas.

Pepe (Valencia, España): Pepe hizo el viaje dos veces. La primera vez lo detuvieron en la Estación de Francia y lo llevaron al Pabellón de las Misiones, la cárcel para los inmigrantes que llegaban sin la correspondiente autorización (los “papeles” de la época). Luego de 8 días lo deportaron. Al llegar a Valencia cogió inmediatamente otro tren de vuelta hacia Barcelona para quedarse aquí definitivamente. Fue muy duro pero logró salir adelante.

Proyecto Diàlegs Migrants

©Joan Tomás

Salí de Torrellas andando hasta la estación de Játiva para irme a Barcelona. Al bajar en la estación de Francia vinieron dos sujetos muy bien puestos, de estos que les gusta sin trabajar ganar, y me preguntaron si venía a trabajar. Entonces me cogieron y me llevaron a las Misiones de Montjuic. Nos encerraron en un cuarto, nos dieron bocadillos y dormía tirado con una manta donde podía.  Allí estuve ocho días hasta que vinieron a por nosotros y dijeron “¿cuántos hay de Valencia?” y había tres y yo cuatro. ¡Al tren!  “¿cuántos hay de Sevilla?” y así hasta juntar  un grupo de gente. Nos llevaron de nuevo a la estación. Cuando llegamos a Valencia nos dicen “¿cuántos son de Valencia? Y éramos tres y yo cuatro. “A buscar trabajo” dijeron…y yo me quedé de piedra…¿a buscar trabajo? Pues me voy a Barcelona otra vez…Entonces cogí otro tren para Barcelona. Como la primera vez me habían cogido en la estación de Francia, la segunda vez me bajé en Gracia. Como era medio católico me metí en una iglesia y  fui a ver al cura y le dije que no tenía trabajo y tengo que comer…

Soly (Casamance, Senegal): Soly también lo intentó dos veces. Cada viaje duró 6 meses. La primera vez probó a través de Marruecos, donde fue detenido, encerrado en una celda pequeña con 14 personas para luego ser abandonado en la frontera con Mauritania. Atravesó el desierto para volver a Senegal. Meses después lo volvió a intentar a través de Mauritania. Llegó a Canarias en cayuco luego de cinco días de travesía. Estuvo detenido en un Centro de Internamiento de Extranjeros. El viaje fue una de sus peores experiencias. El sobrevivió pero muchos de sus amigos han muerto en el intento.

Proyecto Diàlegs Migrants

©Joan Tomás

Mi viaje duró cinco días y digamos que es bueno en este plan. Cuando yo estaba en el Centro de Internamiento, he visto gente que al principio salieron un grupo de 50 y hasta 100, nosotros éramos 40 en la patera, pero llegan la mitad. La gente llega un momento en el agua en que ya no quiere ver nada, no quieren conocer nada, no quieren sufrir más y se tiran directamente al agua….Yo he perdido muchos de mis amigos….No me arrepiento de coger el camino, me arrepiento de mis ganas de coger tanto riesgo por un viaje. ¿Porqué buscar tanta fuerza y energía para coger un camino tan duro para llegar a este país? Una cosa es buscar fuerza o soluciones y la otra cosa es “vender” tu vida….es la parte que me arrepiento, pero una vez que estoy aquí ya no me arrepiento de nada, hay que afrontar la vida, luchar, buscar caminos y siempre hay soluciones. Pero yo hoy no me cogería  el camino del mar, que sea en avión, una cosa súper clara.  Hasta hoy hay hermanos que me dicen queremos venir y yo les digo no hagáis como yo porque fue súper difícil

Proyecto emigrantes/Mescladis

Crónica del encuentro por la periodista Zulma Sierra

Soly y Pepe

Se llama Malamine Soly, pero todos le dicen Soly.

Se llama José Badía Estela, pero todos le dicen Pepe.

Estos dos entrañables personajes podrían protagonizar una película de aventuras con un guión que ya traen escrito en sus pieles: la de Soly, tan negra como el ébano y la de Pepe, moldeada de arrugas.

Proyecto emigrantes/Mescladis

Pepe tenía 25 años cuando dio el salto desde Xàtiva (Valencia) hasta Barcelona en un tren que tardaba 24 horas en su recorrido y Soly tenía 20 cuando se atrevió a dejarlo todo en Senegal por subirse en una patera y alcanzar el sueño europeo.

Pero situémonos mejor: a Pepe le tocaba enfrentar la rigidez de las normas migratorias en la España franquista y a Soly, la frialdad de las leyes migratorias en la España del siglo XXI.

Ambos viajaron en busca de mejores oportunidades laborales y ambos tuvieron que hacer dos intentos antes de conquistar esta tierra de sus sueños.

¡Y claro! Podría pensarse que tantas coincidencias son sólo eso: la evidencia de que han tenido vidas paralelas. Pero tendríamos que ir más allá y reconocer que, aunque muchas cosas hayan cambiado en España desde los años cincuenta hasta nuestros días, el miedo al diferente parece no remitir.

A Pepe lo llevaron a Misiones, el centro de reclusión especial para los migrantes ‘sin papeles’ antes de su deportación y con Soly hicieron lo mismo en el Centro de Internamiento para Extranjeros de Canarias.

Tanto en la época en la que Pepe viajó como en la que lo hizo Soly, las normativas sobre migración se determinan por los puestos de trabajo que los recién llegados puedan cubrir; pero en ningún lugar está escrito que no se pueda luchar contracorriente e intentar, por todos los medios posibles, un lugar en esta sociedad. Y eso, precisamente, es lo que demuestran las historias del valenciano y el senegalés.

Proyecto Diàlegs Migrants

©Joan Tomás

Cada uno, en circunstancias y momentos diferentes, retó las normas establecidas y demostró que sí es posible trabajar por lo que se quiere.

Este verano, después de seis años sin ver a su familia, Soly pudo por fin tomar un avión a Senegal y cerrar el círculo que había dejado abierto con su partida. “Me entregaron mi permiso de trabajo un lunes, compré el billete a mi país el martes y viajé el jueves. Fue maravilloso encontrarme con toda mi familia y recibir tanto amor. Lo mejor es que no viajé en plan ‘Soly rico’ sino que conté todo lo que se vive aquí y lo mal que se puede pasar”, explica con una sonrisa inmensa y una tranquilidad que hacía tiempo no encontraba.

Pepe, por su parte, disfruta de una merecida jubilación, después de trabajar toda su vida en los tranvías de Barcelona.

Cuando se encontró con Soly se sorprendió con el relato de su larga travesía en alta mar, pero no puede dejar de pensar que el riesgo que corrió fue grande no sólo porque puso en peligro su vida sino porque no sabía qué iba a encontrar en España.

Proyecto emigrantes/Mescladis

Me duele ver que viene tanta gente cada año y no encuentra trabajo. Yo les diría que esperaran una oportunidad laboral antes de viajar”, puntualiza este valenciano, orgullosamente catalán.

La recomendación la da en tono de abuelo preocupado, pero en el fondo sabe que es difícil persuadir a quien tiene hambre o sufre persecuciones y no le interesa oír hablar de fronteras.

Soly también escucha con atención la historia de Pepe y se sorprende al saber que dentro de un mismo país se marcaron diferencias y se restringió el paso entre una región y otra. “Es increíble”, anota, “pero eso me convence más de que al final todos somos iguales, que la migración es igual aunque sea dentro del mismo país y que los inmigrantes somos unos cracks”.

Proyecto Diàlegs Migrants

©Joan Tomás

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